La ciudad de Mercedes dio un paso significativo en la atención a personas en situación de calle con la transformación del antiguo refugio nocturno del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) en un nuevo Centro de Inclusión Social, gestionado por la asociación civil Juventud para Cristo desde el pasado 15 de mayo y hasta marzo de 2027.

Esto significa un cambio de paradigma para acompañar a personas en situación de calle desde la dignidad, la permanencia y la inclusión. Para JPC es un desafío que asume con alegría, esperanza y fe en poder encontrar o retomar los proyectos de vida de las personas que asistan y puedan reinsertarse en la sociedad.

La iniciativa representa un cambio profundo en la forma de abordar la vulnerabilidad social. Mientras que el modelo anterior estaba enfocado principalmente en brindar alojamiento nocturno y cobertura de necesidades básicas, la nueva propuesta busca generar procesos de acompañamiento integral que favorezcan la inclusión, la autonomía y la reconstrucción de proyectos de vida.

Un espacio abierto las 24 horas

Según explicó el coordinador del centro, Gonzalo Santana, una de las principales innovaciones es que las personas usuarias ya no deben abandonar el lugar durante el día. El centro permanece abierto las 24 horas, los siete días de la semana, permitiendo que quienes participan puedan permanecer en un entorno seguro y estable mientras desarrollan diferentes actividades.

“Queremos que sea un lugar al que las personas puedan ingresar para sentirse mejor y del que puedan salir en mejores condiciones de las que llegaron”, señaló Santana durante una entrevista con el diario Acción.

Esta permanencia continua facilita el desarrollo de vínculos de confianza, elemento considerado fundamental para los procesos de acompañamiento social y personal.

Más que un refugio

El nuevo Centro de Inclusión Social incorpora una propuesta de trabajo que va más allá de la asistencia inmediata. Entre sus actividades se incluyen talleres y espacios formativos distribuidos durante la mañana, la tarde y la noche, orientados al fortalecimiento de habilidades personales, sociales y laborales.

Actualmente, el centro se encuentra con sus cupos llenos, que corresponden a 27 personas que asisten allí y están en proceso de recobrar su autonomía progresivamente en cuanto a lo educativo, la salud, lo laboral, lo familiar y social.

El centro cuenta con un equipo de 12 educadores, entre los que hay maestros/as, trabajadores sociales, entre otros, que cubrirán las 24 horas del día, una trabajadora social y un coordinador.

La propuesta busca generar oportunidades para que las personas recuperen autonomía, fortalezcan su autoestima y construyan herramientas que favorezcan su integración social.

La transformación del refugio en Centro de Inclusión Social refleja una tendencia creciente en las políticas sociales contemporáneas: pasar de modelos centrados exclusivamente en la emergencia a estrategias que promuevan la participación activa, el desarrollo personal y la inclusión comunitaria.

Desde Juventud para Cristo destacan que el objetivo es ofrecer una respuesta integral a las personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad, reconociendo sus capacidades y acompañándolas en procesos de cambio sostenibles.

Con esta nueva etapa, Juventud para Cristo es parte de una experiencia innovadora en el abordaje de la problemática de la situación de calle, apostando a la dignidad, la permanencia y la construcción de oportunidades reales para quienes más lo necesitan.