El 29 de noviembre, en la Christ Church, tuvimos nuestra Celebración de Acción de Gracias de Juventud para Cristo, un espacio que año a año se vuelve una oportunidad para detenernos, respirar un poco y mirar con cariño todo lo que fuimos viviendo como organización. No fue solo una actividad de cierre, sino un momento para reconocernos, para valorar el esfuerzo compartido y para volver a conectar con el sentido de lo que hacemos.
La propuesta para los equipos fue simple, pero muy profunda: reflexionar juntos sobre las fortalezas que cada grupo desarrolló a lo largo del año, y sobre aquello por lo que cada uno se siente agradecido. No desde la exigencia, sino desde un espíritu de honestidad y celebración. Esa reflexión se plasmó en una expresión artística, una pieza creada por cada equipo donde surgieron ideas, colores, símbolos y palabras que representan el trabajo, la identidad y la vida que compartimos en JPC.
Cuando todas esas piezas se unieron, formaron el logo de JPC, como un rompecabezas que cobra sentido cuando se arma entre todos. Fue un gesto muy sencillo pero muy significativo: recordar que cada persona y cada proyecto es parte esencial de JPC. Colaboradores, voluntarios, directiva, socios, amigos y familias… cada uno aporta algo que hace que la misión sea posible. Verlo representado de forma visual y colectiva fue un momento de mucha emoción.
En medio de esa instancia, contamos con las palabras de Adriana D’Agata, integrante de la Comisión Directiva, quien nos invitó a reflexionar sobre el valor del agradecimiento: no solo como un sentimiento interno, sino como una práctica que fortalece vínculos, aligera cargas y nos anima a reconocer la presencia de Dios y de los demás en nuestro camino. Su mensaje nos motivó a pensar en cuántas veces damos por sentado el esfuerzo de quienes trabajan a nuestro lado, y cómo un gesto sencillo puede marcar la diferencia en la vida del otro.
Les compartimos imágenes de lo vivido.