Reflexión sobre los principios éticos de Juventud para Cristo:

 

Compromiso con la Justicia y la Equidad

«Practicar la justicia y la equidad es lo que el Señor prefiere a los sacrificios» (Proverbios 21: 3).

Tenemos tendencia a confundir justicia y equidad, o al menos a considerarlas sinónimos muy próximos.

Esto no es necesariamente así. Sabemos que la justicia, la justicia humana, se representa clásicamente mediante una figura femenina con los ojos vendados (para evitar favoritismos) que sostiene una balanza.

En la interpretación más común, los dos platillos de la balanza, puestos en equilibrio, son la propia justicia y la equidad.

La Justicia con J mayúscula surgiría como tal, de la confluencia entre la Justicia con j minúscula y la equidad.

Estamos en el campo de la ley humana, pero nos daremos cuenta en unas líneas de que el punto de equilibrio está entre la justicia civil y la equidad judeocristiana.

En el Derecho romano, la Ley gobierna y al gobernar ordena y resuelve. Como dice un adagio latino: ‘Dura Lex sed Lex’, es decir, la Justicia es dura por definición y vocación, y es precisamente esa dureza la que la consagra como imparcial exigiendo sumisión individual y colectiva.

La tradición inglesa, que ha condicionado la civilización jurídica de muchos países europeos y no europeos empezando por los Estados Unidos de América, ha suavizado el rigor militar del Derecho Romano, catalizando la identidad de la justicia en torno al término ‘reasonableness’, propio del derecho consuetudinario anglosajón. En este sentido, el Derecho es justo porque la razón y el sentido común lo inspiran.

Resumiendo, podría decirse que la justicia romana prescribe y proscribe, mientras que la justicia británica regula, en una suerte de regla de juego compartida. En ambos casos, aunque a menudo de forma diferente, la ley se exime de regular el universo emocional y afectivo del hombre, privilegiando la objetividad sobre la subjetividad, el principio de realidad sobre el principio de verdad.

El desequilibrio es evidente, y la equidad se encarga de compensarlo. En el sistema jurídico angloamericano, de matriz protestante, ella toma el relevo de la moral cristiana y, en particular, de la misericordia.

Vemos, pues, que dentro del propio Derecho civil tiene lugar una justicia superior, de carácter ético, no divorciada del surco bíblico.

El teólogo reformado suizo Carl Barth observa que, en la Cruz, el juez ocupa el lugar del condenado y en Jesucristo, Dios justifica al hombre.

Sin embargo, la Reforma protestante no agota la justicia en la justificación por la fe, sino remodela el concepto de justicia al reconocer, por una parte, el mandato divino que incumbe al magistrado en la administración de la ley civil y, por otra, el carácter puramente diaconal de una justicia leída desde una perspectiva cristiana.

El término griego para equidad significa simplemente «bien colocado», «bien puesto», «bien dispuesto». Subraya el concepto de solución adecuada, por tanto,conveniente para el destinatario. Se podría decir que la equidad es la justicia vista desde el lado de quien la recibe y a su gusto.

La unidad de medida de la equidad no será entonces la imparcialidad sino, por así decirlo, la propia parcialidad: de hecho, sólo se puede ser justo estando del lado de los que se benefician de la equidad misma.

Si pasamos del griego al hebreo (‘Meyshar’), encontraremos una etimología no muy diferente: ‘Yashar’ designa simultáneamente proceder de manera recta y directa, aprobar, apaciguar y ser agradable.

El Derecho, en equidad, «sale al encuentro» de sus beneficiados por el camino más corto, el recto. Se caracteriza por la rapidez, la sencillez y la eficacia, todos ellos componentes valiosos para la acción diaconal o el servicio podríamos decir.

Según la enseñanza rabínica y talmúdica, se ayuda a los menos pudientes, no por condescendencia ni paternalismo, sino para permitirles, habiendo salido de la más estrecha carencia, ayudar a su vez a los demás, humanizándose y humanizándolos al mismo tiempo.

Cabe señalar en este punto, que el campo semántico de la justicia y la equidad, la justicia distributiva y la diaconía, la ley y el amor, la moral y la ética, la norma y la gracia… se unen hasta casi formar un todo.

En realidad, la equidad y la justicia combinadas parten, en la comprensión evangélica, de la identificación del Señor con los necesitados.

Retomando, para concluir, el versículo inicial de Proverbios, quisiera observar que contraponer equidad y justicia a sacrificio puede significar simplemente que no hay que sacrificar a nadie y que la dimensión caritativa y oblativa de la fe cristiana representan ese «sacrificio de justicia» y ese «sacrificio de alabanza» recordados respectivamente en el pensamiento profético y en los Salmos.

 

Síntesis a partir del Texto elaborado por el Pastor Enrico Benedetto

 

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